Main image: Costa Rican Times

Traditionally, Taiwan was the ally and trading partner of counties in Central America, but in recent years it has been steadily losing influence. Rapid growth in trade with China is being matched by new agreements and diplomatic ties. Costa Rica was first to make the changes, recognising the People’s Republic in 2007 (which meant an immediate rupture with Taiwan) and following it with a Free Trade Treaty signed in 2010. While the significance of trade remains small, the diplomatic change is substantial. Only 23 states in the world still recognise Taiwan, and of these 6 are Central American. However, the largest economic project remains that of a trans-oceanic canal (see LAB’s previous article here) and this is something of deep and strategic interest to China.

La ascensión de China en el orden internacional es uno de los grandes temas del siglo XXI también en Centroamérica. La prestigiosa Economist Intelligent Unit asevera con tono de obviedad que los temas claves de la economía global a partir de 2013 incluyen cada vez más un mayor crecimiento chino. Y esto, sumado a su activa diplomacia, permiten que China ya transforme el Este de Asia, y  expanda su influencia a otras regiones del globo y sea influenciada – lo que parece a priori inusitado –  por la región geopolíticamente menor del istmo centroamericano.

The Chinese Ambassador addresses a knowledge quiz in 2009. Photo: Xinhua/Esteban DatosLa historia empieza en Costa Rica. El gobierno del ex presidente Oscar Arias actuó  sorprendentemente, o no tanto, en 2007 al constituir relaciones diplomáticas con la Republica Popular de China (o apenas China), rompiendo para eso con Taiwán. El siguiente paso fue un Tratado de Libre Comercio (TLC), firmado en 2010. El intercambio comercial entre ambos los países que antes del TLC era de US$ 91 millones subió para US$ 1mil 200 millones en 2011. Hoy prácticamente el total de las exportaciones de Costa Rica entra a China sin pagar aranceles.

El establecimiento de relaciones diplomáticas de la pequeña Costa Rica con China ha sido el resultado de un pragmatismo del gobierno Arias, al reconocer la realidad del significado de aquél país en el mundo para oportunidades de desarrollo comercial, lo que abrió espacio en otros gobiernos centroamericanos para ponderar sobre la importancia, o necesidad, de la presencia del dragón en detrimento de la histórica relación con Taiwán.

Frecuentemente con poco peso en configuraciones geopolíticas globales, la actual relación entre China y América Central está, de ese modo, circunscrita en una coyuntura singular. La región centroamericana es el palco de una conocida guerra diplomática entre China y Taiwán; este es su socio tradicional, pero pierde cada vez más la batalla en la ofensiva China, que es el nuevo socio del istmo, determinada a ganar el espacio junto a los antiguos aliados de Taipéi.

Centroamérica se convierte,  entonces, en una posible alianza estratégica china muy particular en la región latinoamericana porque las actuales dinámicas de la política externa de la Republica Popular de China resultan de sus prioridades internas en asegurar el acceso a recursos energéticos, para garantizar los corrientes ritmos de su desarrollo, y la de, todavía, evitar el reconocimiento internacional de Taiwán como Estado soberano.

Así, América Central, en este contexto, es importante para China evidentemente no por su atracción económica, o porque le proveería la seguridad energética de la cual necesita, sino por la posibilidad que ofrece de hacer reducirse el reconocimiento oficial que Taiwán posee. Los países centroamericanos conforman la principal porción de naciones que aún mantienen relaciones diplomáticas con la Isla asiática. El status político de Taiwán es una antigua polémica internacional. Las Naciones Unidas no le reconocen y apenas 23 Estados del mundo tienen relación diplomática con la Isla, donde seis de ellos son centroamericanos.

Aunque los vínculos comerciales con Taiwán sean menos favorables, los gobiernos centroamericanos todavía sostienen – tanto en plan bilateral como en el marco regional del Sistema de Integración Centroamericana (SICA) – la decisión de reconocimiento a la Isla. Eso ocurre por razones históricas que tienen origen en la Guerra Fría, en la ayuda financiera que Taiwán ha estado enviando a América Central en los últimos años y, a través de eso, en el consenso generado en las élites y en la opinión pública del istmo.

El apoyo taiwanés a los centroamericanos se ejecuta en dos niveles: directamente hacia los países y para las instituciones de integración regional. Taipéi ha estado aumentando sus programas de cooperación financiera no-reembolsable con sus aliados centroamericanos en el intento de desestimularlos  a seguir el ejemplo de Costa Rica.

Pero China también usa sus mecanismos económicos para influenciar la estructura de las relaciones diplomáticas con el istmo. Sabedora que la fuerza y el tamaño de su mercado son cada vez más atrayentes para las frágiles economías centroamericanas, China usa esta posición para reconfigurar la relación trilateral Centroamérica-China-Taiwán. Es plausible considerar que la influencia de la Isla en el istmo será ofuscada por China, aunque la objeción en mantener vínculos diplomáticos con Taiwán a la vez que establece relaciones comerciales con China no sea de los centroamericanos, sino de los propios chinos, pues su política de “una sola China” impide que tratados de libre comercio sean firmados con países que reconocen la soberanía de Taiwán.

En términos estrictamente comerciales hay ventanas de oportunidad, tales como el café, algunos otros alimentos y el turismo, pero el mercado centroamericano es muy pequeño, bien como su oferta exportadora. China podrá atraerse por recursos naturales y minerales de la región, algo que se tiene expresado a través de las intenciones de inversiones directas. Esto se ve en la presencia de empresas chinas en los proyectos de infraestructura y transporte en países centroamericanos, principalmente el del megaproyecto de construcción del canal interoceánico de Nicaragua. Son nuevos campos de actividad que se abren sin revelar un futuro claro, particularmente en materia ambiental, lo que podría comprometer seriamente el ordenamiento jurídico de los países del istmo a través de concesiones empresariales.

 El gobierno taiwanés reconoce esas demonstraciones de fuerza de la economía china e, por lo tanto, no se opone a que sus aliados centroamericanos hagan negocios con China, bajo el riesgo de que las relaciones diplomáticas con estos ciérrense pronto. Aunque, no obstante, la probabilidad de alianza con China, y rompimiento con Taiwán, en el actual tejido de la economía global, sea grande, la paciencia oriental para el manejo de delicado contexto diplomático sino-centroamericano será determinante en la configuración más o menos célere de una relación trilateral, para una bilateral.

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