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El Salvador: Agreement with the gangs is vital

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“We have reached a point where the government and the gangs have to reach agreement. There is no other way,” says Raúl Mijango, chief mediator between the gangs and the government. But that doesn’t necessarily mean there will be face-to-face negotiations. The government may make demands, such as that the gangs reveal the whereabouts of their secret burial grounds and hand over their arms and wanted individuals. And they can offer concessions: substantial improvements in the prison system, etc. But this is a key moment: the gangs have handed over a list of demands. The government must respond.

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La crisis institucional, que no termina en el país, parece haber detenido u opacado otro grave conflicto y las gestiones que se están desarrollando para detenerla: la violencia delincuencial, en especial la pandilleril. Raúl Mijango, mediador entre las principales pandillas de El Salvador, explica en qué lugar estamos y la perspectiva de la finalización de una “guerra” sin precedentes.

“¿En qué estamos ahora?”, pregunta Mijango y él mismo responde: “Estamos en un proceso en el que el gobierno y las pandillas tienen que llegar a acuerdos y no puede ser de otra manera”.

¿Entonces habrá mesa de diálogo y negociación?, pregunta ContraPunto. “No necesariamente. Nosotros como mediadores, que tenemos el respaldo incluso internacional, como la Organización de Estados Americanos (OEA), podemos ejercer una especie de acción pendular, mientras el gobierno y las pandillas dan a conocer sus posiciones y van desarrollando acciones unilaterales”.

“Por ejemplo: el gobierno podría pedir que los pandilleros entreguen los cementerios clandestinos, el armamento en su poder y a los individuos que tienen deudas con la justicia… El gobierno podría ofrecer un mejoramiento sustantivo en las cárceles, así como otras acciones. Pero este es un momento clave. El gobierno tiene en sus manos un pliego de peticiones de las pandillas, al que debe dar respuesta”, apuntó categóricamente Mijango.

Luego enfatiza: “Paramos la guerra civil hace 20 años, ahora estamos enfrascados en detener una nueva guerra: la de las pandillas”. Mijango es un ex jefe guerrillero, que tiene 40 años de ser protagonista de múltiples conflictos en El Salvador.

Un poco de historia

Mijango ha tenido una vida azarosa desde los 14 años de edad, cuando se incorporó a la lucha social a través de la Iglesia Popular, que tiene decenas de mártires, comenzando por el asesinado Arzobispo Oscar Arnulfo Romero; participó en la guerra civil hasta llegar a convertirse en uno de los más importantes comandantes del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), que integraba al Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN); participa en el proceso de búsqueda de la paz; ha sido diputado, disidente dentro de la ortodoxia izquierdista, pequeño comerciante, y en la actualidad, mediador en la pacificación entre pandillas o “maras”, con son conocidas en El Salvador.

Weapons handed in by the armed gangs of El Salvador

El fenómeno de las pandillas es complejo y tiene origen en la exclusión social. Las “maras” nacen en la década de 1980, casi paralelo al desencadenamiento de la guerra civil (1980-1992), cuando extensas zonas rurales se convierten en escenarios de los combates entre el ejército y las guerrillas; millares de familias campesinas son desalojadas de sus lugares de origen y obligadas a ir a refugios; mucha gente toma como opción el exilio hacia el sur de Estados Unidos. “Las maras son integradas por jóvenes salvadoreños y centroamericanos, residentes ilegales en los barrios bajos de Los Ángeles, Estados Unidos; se defendían así de las mafias mexicanas, que los querían diezmar”, dice Mijango.

“Desde entonces, hasta la actualidad, el accionar de las pandillas ha convertido a El Salvador en uno de los dos países más peligrosos de Mundo –Honduras, el primero, y le sigue El Salvador-; identificado así por agencias de las Nacionales Unidas (ONU) por sus altísimas tasas de homicidios. Más muertes violentas que en Afganistán e Irán, donde hay guerras”, recalca el ex guerrillero, quien añade: “El conflicto es tan grande que ahora nadie niega que debe terminar y los pandilleros también dice: somos parte del problema y queremos ser parte de la solución”.

Así las cosas, en El Salvador, desde 2011, se inician gestiones alternativas para tratar de ponerle freno al desangramiento actual. Se trataba de 15 muertos diarios y una tasa anual de casi 70 homicidios por cada cien mil habitantes; por otra parte, la proliferación de delitos graves como la extorsión, secuestro, robo a mano armada y violaciones sexuales. Los mareros han sido autores de masacres y sus asesinatos han estado marcados con lujo de barbarie, como las decapitaciones y los desmembramientos de los cadáveres, sin dejar de contar las desapariciones de sus víctimas que en algunos casos aparecen en cementerios clandestinos.

La tregua mara

“Hubo dos acontecimientos importantes antes de llegar a la tregua hasta ahora vigente. Luego de apartarme del protagonismo político, me dediqué a comerciar gas propano, con un camioncito pequeño en el que salía diariamente a vender tambos de gas. Tuve contactos con las pandillas en varias zonas de San Salvador. A causa de eso pagaba renta (extorsiones), me robaron en tres ocasiones en el local-almacén y en una ocasión me tuvieron secuestrado o privado de libertad por más de 12 horas… Esto es lo que diariamente viven los comerciantes salvadoreños. Y la cosa es que si quería seguir en mi comercio, tenía que negociar con los mareros”, apuntó Mijango, quien se dice conocedor de la realidad por experiencias propias.

A member of the Maras

Y agregó: “el otro acontecimiento es que el ahora general retirado David Munguía Payés, fue nombrado por el presidente Mauricio Funes como ministro de Defensa. Y David, que es amigo mío, me contrató como asesor político a medio tiempo… Entonces ahí nace la idea de lo que después vino a resultar el proceso vigente de tregua entre las pandillas. Yo me uní a Monseñor Fabio Colindres, capellán del Ejército y de la Policía, y ambos comenzamos a dialogar con los líderes de las pandillas que estaban presos en el penal de máxima seguridad que es conocido como Zacatrás (en alusión a la antigua cárcel norteamericana de Alcatrás)”.

Mijango cuenta una secuencia de sucesos que terminan en febrero de 2012 en una firma de “tregua” entre las pandillas más grandes de El Salvador: la Mara Salvatrucha -MS13- y Barrio 18. La tregua consistió en dejarse de matar entre unos y otros, además de dejar de matar a los extorsionados que no pagaban las rentas. En el camino ha habido más gestos: han ordenado el cese de los reclutamientos de los menores de edad, las acciones contra escuelas y el cese de la violencia las mujeres.

El gobierno cedió en trasladar a 30 líderes de pandillas recluidos en el penal de “Zacatrás”, para ser enviados a penales con regímenes más flexibles en cuanto a seguridad.

“Hemos tenido algunos detractores, pero los homicidios han bajado de 15 diarios que existían antes de tregua, a 5 como promedio general en los últimos tres meses; han bajado las extorsiones y se respira un clima de más seguridad. Todavía han crímenes de pandillas, pero este es un proceso complejo que tiene más de 30 años y en el que los experimentos represivos de las manos duras, fracasaron rotundamente; la medicina, entonces, fue peor que la enfermedad”, asegura el mediador del proceso pacificador.

El ex guerrillero Mijango no anda armado, dice que su AKM se la entregó a las Naciones Unidas (ONU), después de a firma de la paz en enero de 1992. “En tres meses hemos salvado a más de mil personas de la muerte y eso es un gran logro. Este proceso merece todo nuestro aporte y experiencia. Vale la pena, pese a las amenazas y críticas que recibimos a diario, reitero que vale la pena parar esta nueva guerra”, dijo tajante Mijango a la pregunta lanzada cuando ya la grabadora no estaba funcionado.