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El Salvador realizó “vuelos de la muerte” durante la guerra

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The document refers to Captain Leiva, a Salvadorean airforce officer trained in the US, who was a ‘believer in methods of counter-insurgency which were extreme, even by Salvaroean standards. Between 1988 and 1989, towards the end of the Salvadorean civil war, Leiva commanded Unit A2, where he ordered prisoners of war to be thrown alive out of aircraft flying over the Pacific. Previously, Leiva had been personal pilot for Major Roberto D’Aubuisson, long regarded as responsible for organising the assassination of the Archbishop of San Salvador, Monseñor Romero. On one date in 1988, Leiva apparently ordered the execution of 11 alleged guerrillas, by tying them and throwing them out of an Airforce C-47 over the sea at night. La Página stresses that the document it quotes is an intelligence report and would not constitute conclusive evidence in a court. In another incident, Leiva is stated to have ordered 5 guerrillas to be shot in the head and then thrown from a helicopter over Cerro Guazapa, a few miles from San Salvador. In 1993 Leiva was dismissed from the armed forces, accused of stealing bombs from a military arsenal and selling them to the Colombian Cali drugs cartel.


Un informe realizado por la CIA, en marzo de 1991, sobre las mejoras de la Fuerza Aérea en temas de derechos humanos, permitió documentar una de las prácticas más atroces durante la guerra civil salvadoreña y que era desconocida hasta ahora: los vuelos de la muerte.

A nuestros lectores: Estas informaciones deben tomarse como lo que realmente son: un informe. No representan ninguna prueba judicial ni cientifica.


Por Eric Lemus*

documento_el_salvadorEntre mediados de 1988 y septiembre de 1989, tras una restructuración de la Fuerza Armada, un capitán que es descrito por la CIA como un creyente de “medidas contrainsurgentes extremas, aun para los estándares salvadoreños” fue puesto al mando de la Unidad A-2, donde ordenó y ejecutó el lanzamiento de prisioneros de guerra —vivos— desde aviones que sobrevolaban el Océano Pacífico.

El informe no es una prueba jurídica o científica, sino información manejada por una agencia de inteligencia, y como tal debe tomarse. DIARIO LA PÁGINA hace esta aclaración necesaria en cualquier artículo periodístico de esta naturaleza, basado en documentos oficiales pero no comprobado por reporteros de este diario.

Según los cables desclasificados de la CIA, en 1988 un oficial al que identifica por su apellido Leiva recién llegaba de completar sus entrenamientos en la Fuerza Aérea de los Estados Unidos y su expectativa era ser nombrado jefe de operaciones de la unidad A-3.

Pero su nombramiento fue bloqueado por el entonces teniente coronel Juan Antonio Martínez Varela, quien convenció al entonces jefe de la Fuerza Aérea Salvadoreña (FAS), general Juan Rafael Bustillo, de no hacerlo debido al carácter “independiente y ambicioso” del oficial.

Leiva permaneció en la A-2 (que también sería conocida como unidad S-2), donde rápidamente se ganó una reputación como “oficial agresivo, independiente y, a veces, arrogante”, reza el texto.

Este capitán, quien a inicios de 1980 solicitó una licencia para ausentarse de la FAS para trabajar como piloto personal del mayor Roberto D’Aubuisson, según este cable de la CIA, es descrito como sospechoso de integrar escuadrones de la muerte y de haber estado implicado en el complot para asesinar al arzobispo Óscar Arnulfo Romero; aunque especifica que “no hay pruebas de tales acusaciones”.

Pero la reputación del militar venía de su papel en el campo de batalla, pues a éste se le atribuye el éxito de las operaciones “de respuesta aérea rápida” que causaron estragos a las fuerzas guerrilleras entre 1985 y 1986, a través de bombardeos y movimientos de tropas helitransportadas.

Los informantes describen a Leiva como alguien que no tiene reparo en participar en operaciones clandestinas contra insurgentes en las zonas urbanas y proporcionan varios ejemplos “que demuestran su enfoque agresivo y radical” en las operaciones regulares durante su servicio militar.

Los vuelos de la muerte

Según el documento de la CIA, en 1988, bajo las órdenes de Leiva, sus subalternos mataron a once presuntos guerrilleros lanzándolos al mar, vivos y atados, desde aviones C-47 de la Fuerza Armada durante la noche.

Un párrafo del informe dice textualmente: “… dice que… él personalmente había matado a 11 presuntos guerrilleros lanzándolos al mar, atados pero vivos desde un avión de la Fuerza Aérea C-47 durante la noche, en el Pacífico, pero bajo las órdenes de Leiva en 1988. Cuatro de los prisioneros eran de las celdas de detención de la A-II; los siete restantes fueron enviados a la aeronave justo antes de despegar por el comandante del batallón de Paracaidistas René 1)Rodríguez Hurtado. El avión era piloteado por el capitán Rafael Humberto 2)Palacios Pena”.

El mismo capitán habría participado en tales acciones, pues según el informante, al menos 10 prisioneros “embarcados” en un avión piloteado por él fueron “escoltados” por personas ajenas a la unidad militar cuando el vuelo estaba a 15 minutos de la costa, justo sobre las aguas del océano Pacífico.

“Los prisioneros que vio (el informante) embarcados en la aeronave ya no a estaban cuando regresó y no había hecho ningún otro desembarco”, dice el relato.

A él se le atribuye también la orden de ejecución de cinco presuntos guerrilleros, mediante un disparo en la cabeza, y de lanzar los cuerpos desde un helicóptero sobre el cerro de Guazapa.

“Leiva autorizó realizar una ‘carga especial’ en el extremo oscuro de la pista y lanzarlas a su orden sobre Guazapa”, dice el documento que refiere que la práctica de arrojar prisioneros desde aviones y helicópteros de la FAS se le denominó “entrenamiento nocturno de caída libre” y que ésta era fue muy frecuente mientras Leiva estuvo en el A-2 y, posteriormente, en el A-3, con el conocimiento de sus superiores.

“Se jactó que había volado muchas misiones nocturnas de caída libre”, dice el informe, sin especificar si se refiere a Leiva o al informante ( cuya identidad está ocultada por la CIA).

Otras participaciones

Un oficial de la A-2 informó a mediados de 1990, que mientras Leiva se encontraba en la unidad, se mantuvo en secreto la detención por cuatro meses de dos hombres mayores bajo sospechas de pertenecer al FMLN, tiempo en el que fueron interrogados sin resultado alguno.

La detención excedió por mucho las 72 horas reglamentarias, por lo cual, a falta de información y para cubrir la ilegalidad, los hombres fueron ejecutados por soldados y sus cuerpos acabaron siendo desaparecidos.

“Los soldados probablemente no habrían tomado esa decisión por su cuenta, sino por la orden directa de Leiva”, sugiere el relato de la CIA.

Según la Agencia estadounidense, el capitán habría también asesinado a “sospechosos de crimenes” en Soyapango e Ilopango “por orden expresa” del general Bustillo, quien “estaba al tanto de los asesinatos”.

El ocaso

El liderazgo de Leiva terminó con el nombramiento de Guillermo Rivera Rodríguez al frente del A-2, en septiembre de 1989, quien rápidamente emitió una orden para que los miembros de la unidad que no condenaran los asesinatos y torturas de prisioneros deberían rendir cuentas.

Un año después, el sucesor de Rivera Rodríguez, el mayor Miguel Antonio Mojica Padilla, “continuó con una política de respecto a los derechos humanos”, dice el documento, que no ahonda más en el tema.

Posteriormente, en marzo de 1992, dos meses tras la firma de los Acuerdos de Paz, un militar identificado como el capitán Roberto Leiva fue señalado por la Policía Antidrogas como el responsable del robo de tres bombas de 500 libras del arsenal de la Fuerza Aérea.

Según las pesquisas, de las que dan cuenta los medios nacionales, Leiva fue detenido con 442 mil dólares, producto de la venta de las bombas al Cártel de Cali, que iba a utilizarlas para matar al narcotraficante Pablo Escobar.

En ese momento, Escobar era el capo del Cartel de Medellín, el principal enemigo de los narcos caleños, y que entonces guardaba prisión en la cárcel de Envigado.

Leiva fue acusado judicialmente y dado de baja el 1 de enero de 1993 como parte del proceso de depuración de la Fuerza Armada tras los compromisos suscritos en los Acuerdos de Paz.


* Tomado de La Página.

References   [ + ]

1. Rodríguez
2. Palacios